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CONNECTED SCIENCE
November 7, 2024
La alta incidencia de enfermedades crónicas y la falta de adherencia (o adherencia inadecuada) a los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos por parte de los pacientes representan graves problemas en términos de salud pública, constituyendo un desafío creciente para las diferentes instituciones y profesionales de la salud involucrados.¹
En promedio, uno de cada tres pacientes abandona su tratamiento antes de lo recomendado² y entre el 30% y el 50% de los medicamentos recetados para enfermedades crónicas no se toman según las indicaciones.³ De hecho, más del 30% de los pacientes nunca recogen su primera prescripción.²
Lamentablemente estas cifras contribuyen a que haya decenas de miles de decesos al año. Para dar un ejemplo, en Europa 200 mil muertes prematuras anuales están relacionadas con la falta de adherencia.²
El incumplimiento de los planes terapéuticos definidos puede provocar complicaciones clínicas además de estrés físico y emocional causado por la necesidad de hospitalizaciones sucesivas, lo que conduce a implicaciones económicas y financieras, incluso a nivel de los sistemas de salud.¹
La adherencia es un comportamiento repetido y continuo, si los pacientes no siguen su tratamiento necesitan algo que los ayude a cambiar sus hábitos. El uso de intervenciones conductuales basadas en la evidencia y la teoría puede influir en la salud del paciente.⁴
Los avances en tecnología y ciencias del comportamiento nos brindan herramientas para pasar de pensar en cómo tratar la enfermedad a cómo tratar a las personas.⁴
Las ciencias del comportamiento en acción
Dentro de las ciencias del comportamiento podemos encontrar el marco COM-B, el cual divide todos los factores que influyen en la falta de adherencia en tres grupos: capacidad, oportunidad y motivación. Es, a su vez, la base para decidir cómo abordar el problema tomando en cuenta las condiciones particulares de cada paciente.⁵
Las capacidades que influyen en la falta de adherencia pueden ser físicas como falta de destreza o deglución, y psicológicas como problemas de memoria, déficit de conocimiento o imposibilidad de planificación.⁵
En cuanto a la falta de oportunidades que afecta la adherencia, estas se dividen en sociales –por ejemplo, fallas en la comunicación con el profesional de la salud o falta de apoyo– y físicas, como problemas de acceso a la salud o financieros.⁵
Las motivaciones se dividen en reflexivas, es decir, creencias negativas sobre la enfermedad y el tratamiento, y automáticas, entendidas como depresión, emociones y hábitos. Estas son las causas que más influyen en que los pacientes sigan o no el tratamiento.⁵
El rol de los profesionales de la salud
Entre los factores que contribuyen a la falta de adherencia se encuentra la incredulidad en el tratamiento, la falta de motivación y el deterioro de la relación entre el profesional de la salud y el paciente.¹
Los pacientes se adhieren cuando encuentran algún sentido tangible de que el medicamento prescrito o el cambio de hábitos contribuirán a resultados positivos relativamente inmediatos.¹
Por ejemplo, con los medicamentos hipoglucémicos el cumplimiento óptimo del tratamiento está estrechamente relacionado con una relación de confianza entre los profesionales de la salud y los pacientes.¹
La complicidad entre el paciente y el médico (la sensación del paciente de que sus necesidades y preocupaciones, durante las consultas médicas, fueron escuchadas y atendidas) predice la calidad de la adherencia al tratamiento farmacológico a largo plazo, contribuyendo a la prevención de complicaciones y, cuando se establece, a una mayor eficacia en su control.¹
Los sistemas de salud deben evolucionar hacia una mayor eficiencia que garantice seguimiento clínico, farmacéutico y social a todos los pacientes, y adecuado a cada necesidad, así como minimizar las posibles complicaciones naturales y económicas que comprometan la calidad y esperanza de vida de los pacientes.¹
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Referencias